martes, 28 de julio de 2009

Psicología del zángano en los ecosistemas laborales

En ciertos microcosmos y ecosistemas laborales, en los que se han convertido algunos centros de trabajo y organizaciones empresariales tóxicas han proliferado desde hace varios años los llamados "zánganos de colmena", popularmente conocidos como "trepas". Nacen en el seno de cualquier organización corrupta, amparada y arropada por supuestos intereses políticos o ideológicos; pero que esencialmente son el producto de las ambiciones de un poder exacerbado que conlleva a un abuso continuo de esa autoridad formal que indignamente representan.

La explicación psicosociológica de esos comportamientos antisociales que hacen que los entornos laborales se parezcan más a un campo de exterminio que a un centro de trabajo, no es fácil; porque el zángano de colmena no es una persona que se ha hecho a sí misma sino que se ha moldeado en una compleja red de mediocres, quizás algo más cretinos que ese hijo adoptivo al que han conseguido no sólo colocarlo como un trepa o un tonto útil, sino al que le han dado un poder que como buen "niñato" o "niñata" es incapaz de manejar con un mínimo de sensatez. Ese poder incontrolado lo hacen peligroso y tóxico en cierta medida; pero tal vez no irían más allá desde el momento en el que sus padrinos empiecen a cansarse debido a la torpeza y a la cantidad de conflictos que suelen "encender gratuitamente" y, lo abandonen a las hienas, a las que favorecen con privilegios que se permiten el lujo de otorgar, como buen cretino y mediocre que no ha aprendido a valorar nada, al que ni siquiera en su adolescencia se entregó a la lucha de ningún ideal y al que le han venido las cosas del cielo y no se les ha trabajado. Se trata en definitiva, de un individuo sin recursos personales que bien podría estallarse como un cohete si le fallan algunas de sus "muletas".

A continuación y sin más preámbulos, vamos a describir el perfil del insecto objeto de análisis:

Pertenecen al grupo de los "rastrerópodos" y entre sus características destacan:

  • Aceptar de forma sumisa y complaciente, cualquier tipo de orden de sus superiores sin tener en cuenta los perjuicios y daños personales, que puedan ocasionar a sus compañeros.
  • Su vanidad y mediocridad le convierten en un experto en el trato de aquellos superiores que poseen sus mismos atributos.
  • La mediocridad inoperante activa, término del Dr. González de Rivera, catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica, define magistralmente a esos personajes como seres que no sólo son incapaces de pensar por sí mismos con criterios propios sino que carecen de una de las capacidades intelectuales más importantes de la inteligencia humana "la creatividad"; tal vez, podríamos identificarlos con ese refrán de la sabiduría popular que califica al perro del hortelano como aquel que "ni come ni deja comer".
  • La personalidad inoperante activa que caracteriza a los "trepa" les hace apropiarse de las iniciativas y los méritos ajenos, con un ansia de notoriedad que no tiene límites.
  • Las consignas y lemas que dirigen las vidas de estos insectos podrían resumirse brevemente, en las siguientes:

* La fuerza o la astucia son los medios más rápidos, para trepar y arrastrarse hasta la degeneración personal más escandalosa.

* "Estamos en la selva y sólo sobrevivirán los listillos".

* "Las mentiras y las trampas se convertirán en verdad, si se repiten muchas veces. La gente se acostumbra a todo, al final nos seguirán eligiendo como los mejores".

* La justificación: "Mis acciones se justifican porque quiero conseguir algo o impedirlo".

* La impunidad: "Mis amistades y poderosas influencias me salvarán de de cualquier adversidad".

Entre sus más conocidas obscenidades practican sistemáticamente la manipulación y la calumnia, sin los más elementales principios éticos, como una fórmula que consideran infalible. Tal vez y llegados a este punto, sin ánimos de ser pesimistas, podríamos considerar algunas de las opiniones recogidas en un artículo del escritor Javier Marías, publicado este domingo 26 de julio en el suplemento El País Semanal; a propósito de la distinción entre la verdad y la mentira. Dice este articulista que actualmente "una gran parte de la población mundial es ya incapaz de distinguir la verdad de la ficción". El antiguo dicho español "Calumnia, que algo queda" ha perdido sentido. "Hoy el dicho debería ser: 'Calumnia, que nadie lo va a notar', o 'Calumnia, que tus calumnias acabarán nivelándose con la verdad".

Tal vez la frivolidad y facilidad con la que proliferan estos farsantes y mentirosos, no nos permitan pensar y analizar, en los daños y las repercusiones morales que sus intoxicaciones y bulos mediáticos pueden ocasionar a las personas; perjucios que en la mayoría de las ocasiones, no se reparan ni en los Tribunales de Justicia.


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