lunes, 13 de julio de 2009

A veces somos los adultos los que no dejamos ser feliz a un niño enfermo

«La sociedad puede poner a nuestra disposición excelentes medios, aparatos, medicamentos... pero como no aflore en nosotros la fuerza interior, las ganas de vivir que la propia vida induce, la medicina, la psicología, cualquier terapia, habrá fracasado. La experiencia demuestra que la vida ofrece oportunidades de disfrute en cualquier situación, conseguirlo depende de la actitud con que afrontamos la enfermedad que se nos presenta». Partiendo de ésta y de otras premisas, el psicólogo Tomás Castillo Arenal, psicólogo, fundador de Amica hace 25 años, ha publicado un nuevo libro, 'Aprendiendo a Vivir. La enfermedad: descubrir las posibilidades que hay en mi', que ya está a la venta, al precio de 14,95 euros, y cuyos derechos de autor se dedican a contribuir en programas de cooperación de personas con fibrosis quística, en discapacidad, en países empobrecidos.

En este nuevo trabajo, Tomás Castillo se adentra en la enfermedad, con la que está acostumbrado a convivir, en la discapacidad -500 personas con minusvalías han encontrado, gracias a su esfuerzo, una forma de vida y de ver la vida- considera que «por fortuna, existen grandes profesionales dedicados a prevenir, curar y cuidar de nuestra salud. La ciencia ha desarrollado numerosas técnicas eficaces para ayudar a otros, pero ha hecho muy poca cosa para que aprendamos a ayudarnos a nosotros mismos, entendiendo lo que ocurre realmente en nuestra vida, a vivirlo como algo natural», es una de las explicaciones, y ayuda, que Castillo aporta en este interesante libro, recomendable, no sólo para quienes tengan una enfermedad, sino para cualquier persona, como potenciales enfermos.

Este psicólogo, forjado en el cuarto de siglo que lleva siendo el inspirador y promotor de Amica, considera que debe darse la espalda al miedo a la enfermedad, al dolor: «Todos sentimos temor porque, probablemente, nadie se ocupó de educarnos para afrontar la asignatura más difícil de nuestra vida: convivir con la enfermedad, vivir con ella, integrándola en nuestra existencia, durante la infancia, la juventud, en la madurez o en la ancianidad».

La enfermedad y los niños

Hace hincapié en la importancia de cómo los adultos afrontamos la enfermedad de un niño, para determinar que pueda ser feliz o infeliz: «Muchos niños con enfermedades graves son bastante felices, en ocasiones, más que otros niños. Viven una infancia muy parecida a la de cualquier otro niño, salvo por nuestro empeño, el de los adultos, en verles enfermos. Con ello desarrollamos toda una dinámica de preocupación, de sobreprotección, de cuidado excesivo que asfixia, no pocas veces, su vivencia, su espontaneidad infantil», y añade que, «es increíble la naturalidad con la que el ser humano convive con su enfermedad desde la primera infancia, frente a la angustia de quienes les rodeamos».

Aporta algunas claves, fuera de los fármacos, para conseguir la curación de una enfermedad ya que -explica- «es preciso superar el modelo 'especialista-paciente', para avanzar en el protagonismo de la persona en el proceso de curación y manejo de su enfermedad. Asistimos a un cambio profundo de concepto en el que la persona pasa a ser protagonista de su enfermedad, no por padecerla, sino por ser agente de su curación».

«Debemos aprender a vivir en positivo lo que tenemos, y no morirnos lentamente añorando lo que nos falta. Existe una capacidad de conformidad básica con lo que la naturaleza nos ha dotado, lo que nos permite ser felices, casi, en cualquier situación, con los límites que el sufrimiento determina, porque el sufrimiento sí es un límite a la felicidad, es una de las mayores injusticias de la vida».

Guía de ayuda

El fin que se ha fijado Castillo con este libro, es crear una guía de ayuda para que los lectores reflexionen lo que ocurre en la existencia de una persona cuando, sin esperarlo, debe afrontar una enfermedad. Pero el autor no ha querido, no obstante, crear una obra pesimista o doliente, sino todo lo contrario, una manera de acoger la fuerza necesaria - precisa- «para impedir que la enfermedad se convierta en la protagonista de nuestra vida». «No creo en el mundo que se divide entre los capaces de dar, porque tienen salud, y quienes únicamente pueden recibir, porque su salud está lastimada. No aceptes nunca este papel de dejarte sólo cuidar», es el epílogo, y el consejo, de este libro que la puesto a la venta Ediciones CEAC. Un trabajo que todos, enfermos y sanos, deberíamos leer.

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