lunes, 6 de julio de 2009

Sólo la mitad de los casos de abuso sexual infantil recibieron apoyo familiar

Del 28,8% de las mujeres que sufrieron algún tipo de agresión sexual infantil, sólo la mitad recibieron apoyo familiar o fueron alejadas del agresor. Ésta es una de los resultados del estudio Abuso sexual en la infancia y la adolescencia: efectos a largo término en la salud sexual y reproductiva y las relaciones sexuales y afectivas en las mujeres adultas, presentado el pasado mes de marzo en el marco del XIII Congreso de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS).

En la investigación participaron un total de 1.015 mujeres mayores de edad que recibieron atención psicológica dentro de la red de Programas de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva (PASSIR) de Cataluña. El estudio se realizó con la finalidad de estimar la prevalencia y describir las características del abuso sexual infantil y adolescente, así como analizar su relación con las variables sociodemográficas, socioeconómicas y la percepción de la propia salud.

Según los principales resultados del estudio, 1 de cada 3 mujeres que recibió atención psicológica había sufrido algún tipo de abuso sexual en la infancia, principalmente tocamientos sin su consentimiento (32,4%), obligación de tocar a alguien sexualmente (16,5%), intento de penetración sin consentimiento (16,7%) o penetración (9,6%). En su mayor parte, estos abusos fueron realizados por familiares y conocidos (80%): para el caso de las niñas menores de 13 años el abusador era más frecuentemente un familiar, mientras que por encima de esta edad era con mayor frecuencia la pareja, un amigo o conocido.

Respecto a las consecuencias sobre la salud, las mujeres que habían sufrido abusos sexuales en la infancia presentaron una peor autopercepción de la propia salud, mayor presión en sus primeras relaciones sexuales, problemas relacionados con embarazos no planificados o en la adolescencia, mayor frecuencia de infecciones de transmisión sexual y mayor número de parejas sexuales, entre otros. En lo que respecta a sus relaciones afectivas, estas mujeres manifestaron una menor confianza y dificultades de comunicación con su pareja actual, mayor frecuencia de disfunciones sexuales que el resto de la población y mayor probabilidad de sufrir malos tratos físicos, psíquicos, económicos o sexuales en la edad adulta.

Otro resultado de interés es el bajo porcentaje de niñas que revelaron que habían sufrido este tipo de abusos (sólo 1 de cada 3), siendo culpabilizadas de los hechos en un 20% de los casos y recibiendo apoyo familiar tan sólo la mitad de las que lo contaron.

En este sentido, los autores del informe subrayan la importancia de la reacción familiar y del apoyo psicológico. Una de las necesidades principales que presentan estas mujeres es poder reconstruir su autoestima y restablecer la confianza en las relaciones, así como aprender a establecer límites para impedir nuevos abusos.

El abuso sexual que se produce dentro del entorno familiar es la modalidad más frecuente y también la que peor consecuencias tiene para la víctima, por lo que la intervención temprana y el establecimiento de un apoyo adecuado son fundamentales para su posterior desarrollo personal y social.

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