domingo, 28 de junio de 2009

Psicólogos de altura

Los bomberos de Valencia evitan cada año que una veintena personas se quiten la vida y detectan un incremento de casos porCursiva la crisis económica

Antes eran personas mayores, viudos o enfermos terminales. Pero ahora el perfil de quienes intentan acabar con sus vidas en Valencia ha cambiado. «Nos encontramos con muchos jóvenes, casados, solteros, esquizofrénicos o gente con problemas de desamor». Así lo percibe uno de los bomberos de la ciudad con experiencia en una labor complicada y poco conocida: hacer desistir a un suicida en su hora más amarga, a menudo en un balcón, una terraza o una cornisa.
La crisis económica, aseguran, ha hecho que aumenten este tipo de rescates. En 2008 se enfrentaron a casi un centenar de emergencias con suicidas y en lo que va de año han trabajado en más de 60 casos. En Valencia, destacan, «los suicidios son la primera causa de muerte después de los fallecimientos por enfermedad, por encima incluso de los accidentes de tráfico», alerta un suboficial licenciado en psicología.
«Si llegamos a entablar contacto con la víctima, el nivel de éxito es casi total. La mayoría de las veces se le convence sin abordarla. Luego están los casos en los que la persona ya ha muerto cuando nos avisan».
En cifras, los bomberos salvan cada año a una veintena de personas a un paso de acabar con sus vidas.
Domingo Peiró, sargento del Parque de Campanar, recuerda aquella fría tarde del mes de enero del año pasado, en lo alto de las Torres de Quart. Un joven ruso de 19 años, a punto de lanzarse desde las almenas. En su cabeza, una peligrosa marea: trastorno bipolar y brotes de esquizofrenia.
«Hacía mucho frío y el chaval estaba entumecido, muy nervioso y excitado. Fue un servicio complicado», reconoce el bombero. «Nos quedamos solos con él. Cuantas más personas hay alrededor es peor. Es preferible alejar incluso a la policía, pues en ese momento los asocian con conceptos negativos, como multas, se sienten amenazados y eso no ayuda», explica. El suicida también pidió que se marcharan los cámaras de televisión.
Domingo desplegó todo su conocimiento. «Hay que intentar llegar a un punto de complicidad e intercambio de impresiones, pero nunca transmitir ideas negativas que refuercen su desesperación», resume el sargento. Fueron dos horas agotadoras. Al joven ruso se le ofreció tabaco, conversación y «mucha paciencia». También contactaron con su psiquiatra para comprender mejor su caso. Pero nada lograba apartarle de las almenas.
Reglas básicas
Ante los casos de suicidio hay cuatro pasos que se siguen a rajatabla: aproximación, contacto, negociación y abordaje. Este último fue la única solución en las torres de Quart. «El chico se dejó caer al vacío. Yo lo agarré fuerte por el brazo, pero nos separaba la almena. Los compañeros me ayudaron a sujetarlo inmediatamente». Una vida salvada por milésimas de segundo. «En un momento así no puedes dudar. Cuando decides abordar es porque estás seguro de que vas a tener éxito», confiesa.
Los bomberos de Valencia no ocultan la dificultad que entraña este tipo de servicios. «Son peligrosos y estresantes. El que no respeta su vida tampoco respeta la de los demás», asegura. «Si te acercas me tiraré y tendrás que cargar con verme ahí bajo muerto", dijo en una ocasión un suicida a un bombero.
El mayor riesgo para los equipos de emergencia se produce con algunos intentos de suicidio en los que las víctimas causan escapes de gas. "Esto obliga a desalojar el edificio y tenemos que entrar en las casas con mucho cuidado, sin darle a la luz por si se produce una deflagración, abriendo puertas y ventanas para que las habitaciones se ventilen", advierte Padilla. "Si en ese momento encienden una cerilla, volamos", apostilla.
Otras veces hay que echar la puerta abajo. Y al otro lado hay personas con problemas mentales, atrincheradas o amenazando a un familiar. "No siempre sabemos si están armados", En la memoria de muchos bomberos resuena aún el nombre de Vicente Sivera, que actualmente da nombre al Parque Norte.
El 7 de febrero de 2000 acudió a apagar un fuego y se encontró con la muerte a disparos. Un perturbado causó un incendio en su casa del Cabanyal y recibió a tiros de escopeta los que entraban. El bombero, dos policías y una vecina pagaron con sus vidas.

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