lunes, 17 de agosto de 2009

Las distintas fobias

Un temor razonable puede llegar a convertirse en fobia a causa del aprendizaje o de las influencias culturales y sociales. La fobia a las ratas o a las serpientes parece trasmitirse, por ejemplo, de generación en generación. Hay fobias que se van instalando en los adultos porque de niños sus padres o amigos les atemorizaron ante situaciones que apenas comportaban riesgo.

Las fobias son una manifestación elaborada de la angustia. Hay "angustias "flotantes" en las que el miedo va a la deriva y se temen de una forma difusa diversas situaciones y circunstancias. En las reacciones fóbicas, la angustia brota exclusivamente ante un determinado estímulo. En realidad "el objeto fóbico" no es más que una manifestación de la angustia latente. El individuo necesita esa excusa para poder descargar su angustia. Así pues, en la fobia tenemos, como en los sueños, un sentido manifiesto y un significado latente. La reacción es siempre desproporcionada en relación con la causa aparente, pero cuando se descubre la causa oculta, se comprueba que había razones para la angustia. En las fobias, como en los demás temas de psicología, hay diferentes interpretaciones respecto de las causas que las provocan y de los métodos terapéuticos para resolverlas. Para los psicólogos conductistas las fobias son lo que aparentan: síntomas, conductas aprendidas. En cambio, los psicoanalistas interpretan la fobia sólo como la punta del iceberg de algo más profundo e inconsciente. Independientemente de estas teorías, en quien padece la fobia siempre están presentes la angustia y el sufrimiento.

La fobia más frecuente

La fobia espacial es la más frecuente, y se manifiesta de dos maneras aparentemente opuestas: en el miedo de salir o la angustia de las calles, en el miedo a los espacios descubiertos (agorafobia). Y, en segundo lugar, en el temor a lo contrario: a los espacios cerrados (claustrofobia). Lo más común en la claustrofobia es el miedo a quedar atrapado en ascensores, oficinas, restaurantes, iglesias o túneles.

El afectado trata de evitarlos, pero si por necesidad entra en uno de ellos busca desde el primer momento las salidas y los mecanismos de evacuación urgente. En las fobias de espacio se dan algunas variedades como: Vértigo fóbico o miedo de las montañas, de los ascensores, de los pisos altos. Miedo a la oscuridad, al concebirse ésta como un espacio amenazador, a viajar en autobús, en avión, en tren, en automóvil. Miedo a la muchedumbre, una de cuyas variantes es el miedo a hablar o a aparecer en público.

Miedo Social

La otra categoría de fobia está relacionada con el medio social. Son, en este caso, las relaciones individuales o colectivas con el prójimo o con los animales las que constituyen el objeto de la angustia pavorosa. Se pueden incluir en esta categoría la fobia a ruborizarse, a mirar a la cara a algunas personas, a escribir delante de otros (conocido como el "síndrome del escribiente" y padecido por funcionarios que rellenan documentos delante de los clientes) o el miedo a contagiarse, que conduce al aislamiento social o se manifiesta en la costumbre de lavarse las manos repetidas veces a lo largo del día, o el miedo a tocar barandillas o picaportes, a utilizar servicios públicos, o a entrar en bares o restaurantes, todo ello por miedo a la invasión de gérmenes procedentes de personas enfermas u objetos contaminados. También están las fobias a los animales grandes, como los perros, o animales pequeños como los insectos, arañas, ratones etc.

Hay alternativas al tratamiento

Todas las fobias tienen tratamiento, que dependerá de su intensidad y de las complicaciones psicopatológicas que presenten los individuos afectados. Los padecimientos fóbicos leves pueden ser abordados por uno mismo, pero se requieren unos requisitos:

Tener ganas de curarse. Estar decidido. Hay quien utiliza la fobia como excusa para no afrontar situaciones y no manifiesta una voluntad real, un compromiso personal, de eliminarla.

Establecer firmemente un día para comenzar el entrenamiento.

Elaborar, con el tiempo y la reflexión necesarios, una relación de situaciones a superar. Y planificarse uno mismo las medidas a adoptar.

Imaginarse a uno mismo enfrentando la situación fóbica.

Ser consciente de que debemos exponernos gradualmente a las situaciones que nos causan la fobia.

Valorar los logros, por pequeños que sean, y mostrarse tenaces en la consecución de los objetivos. Y cuando se van consiguiendo, premiarse como corresponde a tan ardua labor.

Cuando los padecimientos fóbicos son más complicados, conviene ponerse en manos de profesionales competentes. Entonces hay tres tipos de tratamiento, a veces combinados:

Los especialistas debaten desde hace décadas si existe un carácter fóbico o una predisposición a padecer fobias. Se sabe al menos, que hay dos tipos de conducta personal que tienen relación con la aparición de las fobias: el constante estado de alerta (el afectado percibe que el mundo que le rodea está lleno de peligros y amenazas y, por ello, permanece alerta y en permanente actitud defensiva) y la huida, mediante una actitud pasiva que conduce a la inhibición o con planteamientos activos de "huidas hacia delante" refugiándose en comportamientos desafiantes o en permanecer constantemente ocupado para refugiarse de una forma compulsiva en la actividad.

3 comentarios:

  1. la fobia es un sintoma que expresa un conflicto,pero tambien es una medida de proteccion,para no enfrentar solo determinadas situaciones,es inconsciente,pues ante determinadas situaciones necesita del acompañante contrafobico como la agorafobia,hay muchos tipos de fobia pero en todas ellas hay un mal manejo de la ansiedad ante el conflicto.en el articulo se menciona otras conductas como lavarse las manos repetidamente eso es un trastorno obsesivo compulsivo,y que la persona perciba el mundo como hostil,son ideas paranoides,persecutoria y no sintomas fobicos

    ResponderEliminar
  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar

Se ha producido un error en este gadget.