jueves, 4 de junio de 2009

Los médicos recetan demasiados ansiolíticos

Sudoración, taquicardia y pánico. Estos son algunos de los síntomas que padece con frecuencia una persona con Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) y, sin embargo, recibir terapia psicológica o psiquiátrica en el Sistema Nacional de Salud puede llevarle hasta seis meses de espera.

En cambio, con la atención farmacológica ocurre más bien al contrario. La falta de tiempo y una formación deficiente en la materia provocan que, en muchos casos, los médicos de Atención Primaria sobremediquen a los pacientes con patologías mentales y no les proporcionen la terapia que necesitarían, según coindicen los expertos consultados.

La salud mental está integrada en la Atención Primaria, como recomienda la Organización Mundial de Salud (OMS). Por tanto, son los médicos de familia quienes tratan las enfermedades mentales leves y moderadas, que básicamente se reducen a la depresión y la ansiedad.

El objetivo es que los especialistas, tanto psiquiatras como psicólogos, puedan dedicarse a los casos de enfermedad severa. Pero lo que en el papel parece una fórmula perfecta, en la realidad no lo es tanto y no se mandan al especialista todos los casos que se deberían remitir. España es el país de la UE con la tasa más baja de psiquiatras por habitante, según un estudio de la revista The Lancet.

"De cada 10 pacientes que vienen a la consulta, tres están relacionados con la salud mental. Pero de cada 10, sólo mandamos uno al especialista", afirma Ramón Ciurana, médico de familia en el Centro de Atención Primaria La Mina, en Sant Adrià del Besòs (Barcelona).

Ciurana apunta otro problema: "Probablemente la falta de recursos influya en una excesiva medicación". A la saturación de la Atención Primaria, el jefe de psiquiatría comunitaria del Centro Torribera de Santa Coloma de Gramanet, Ignasi Bros, añade: "Es evidente que hay una sobremedicación por parte de los médicos generalistas. No tienen suficiente formación para poder atender a los pacientes de otra manera".

Como en la Atención Primaria, los centros de especialidades también acusan la falta de personal. Si los médicos de familia se quejan de que acaban asumiendo más casos con trastornos mentales de los que les correspondería, Bros considera que los médicos de cabecera envían a los especialistas a demasiados pacientes que se deberían quedar en el primer nivel: "A menudo, los mandan porque el paciente les transmite angustia", opina.

Depresiones ficticias

El estudio Diagnósticos y Prescripciones en Salud Mental, Atención Primaria e Incapacidad Laboral Temporal, financiado por el Ministerio de Trabajo y publicado el pasado mes de marzo, ha arrojado más dudas sobre el papel de la Atención Primaria en la salud mental: "Los resultados [del estudio] delatan las dificultades en que se encuentra el médico de atención primaria para el diagnóstico" de las patologías mentales.

El informe denuncia que parte de la población recibe tratamiento con psicofármacos sin padecer ninguna enfermedad mental y que, por ejemplo, el 64,1% de los facultativos utiliza antidepresivos para tratar procesos diferentes a la depresión.

Además, "el 15% de los médicos de familia da por concluido el tratamiento cuando se alcanza la recuperación del paciente", y en cambio, la comunidad médica ha establecido que el tratamiento debe prolongarse al menos seis meses después de alcanzar la recuperación. La principal recomendación del informe encargado por Trabajo es mejorar "la idoneidad de los profesionales" y su formación.

Las conclusiones de este informe han despertado las críticas de los médicos de Primaria. José Angel Arbesú, coordinador del grupo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) defiende que este tipo de facultativos está "preparado para tratar los trastornos mentales leves o moderados", tanto con fármacos como con "apoyo psicoterapéutico o terapia breve para la resolución de problemas".

Sin embargo, reconoce que la terapia "es casi imposible porque muy pocos médicos pueden estar diez minutos con un paciente".

Arbesú denuncia que los facultativos generalistas realizan tareas que "deberían de hacerse en otros niveles", como la atención especializada, y que "la burocracia" les ocupa "entre hora y media y dos horas al día". Esa falta de tiempo, explica, es lo que provoca un exceso de medicación en detrimento de la terapia.

El argumento de la falta de tiempo es una constante entre quienes critican la situación de la salud mental en España. Para algunos, el problema va más allá y también es de concepto.

El neuropsiquiatra Jorge Luis Tizón, director del programa EAPPP para la prevención de la salud mental del Institut Català de Salut, afirma que el sistema de salud es una "cortina de humo" donde se promete a todo el mundo tratamiento y, sin embargo, "no se trata de forma adecuada, sino sólo con medicamentos". Tizón confiesa: "A mucha gente nos tiene profundamente preocupada el uso de la medicación". Y advierte de que "las grandes empresas farmacéuticas hacen lo que quieren".

En este sentido, algunos profesionales de la medicina explican que el gran triunfo de las compañías farmacéuticas han sido los inhibidores de la recaptación de la serotonina como el Zeroxat o el Prozac "más simples" y, por lo tanto, más fáciles de manejar para facultativos no especializados en psiquiatría.

La popularización de este tipo de fármacos ha llevado al paciente a la búsqueda perpetua de la felicidad. "La gente a menudo confunde la patología con la infelicidad", y eso, dice Juan Saavedra, director del Área Sexta de Arriondas, en Asturias, inevitablemente conlleva una saturación de los servicios.

"Antes era difícil decirle a un paciente que tenía que ir al psiquiatra, ahora lo pide él mismo, hay una banalización de la psiquiatría". Además, Saavedra pone en duda que la definición que da la OMS de salud "el estado de completo bienestar físico, mental y social" sea realista y, menos aún, que lo pueda proporcionar la sanidad pública.

Falta de medios
Juan Francisco Jiménez, psicólogo y miembro de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN), trabaja en un centro de Granada donde para 250.000 habitantes hay ocho psiquiatras y dos psicólogos. En el resto de España, las cifras son similares: 2.600 psiquiatras trabajan en la sanidad pública (por cada 100.000 habitantes hay 5,7 especialistas).

En 2006, el Gobierno creó la Estrategia de Salud Mental con el objetivo de mejorar este área de atención. Sin embargo, casi dos años después, Jiménez asegura que "lo que ha habido es una política de continuidad. No hemos visto grandes cambios", se queja.

Además, Jiménez denuncia que "la política de la Administración es poco transparente con los datos relacionados con la salud mental". Por eso la AEN creó el Observatorio de Salud Mental, aunque para recoger las cifras dependen de la buena voluntad de las comunidades. "Los recursos son precarios, somos la hermana pobre de la asistencia sanitaria", sentencia el psicólogo.

1 comentario:

  1. Estamos en la era de los, cada vez más galopantes, trastornos mentales. Y aumentarán en esta sociedad en la que tanto tienes tanto vales. En la que es más importante aparentar (el tener) que ser uno mismo. Es la sociedad de las prisas, y esto es un error. Sería conveniente que se atendiera en la salud mental pública más y mejor. Pero esto no es así y, los que pueden, se van a una consulta privada y, los que no, en la mayoría de los casos, como dice el artículo, le piden al médico de familia, que tiene unos 5 ó 10 minutos por paciente, que le recete algo para su alivio mental. Y en 5 minutos no se puede saber qué trastorno tiene un paciente. ¿Por qué no vamos más despacio? Sin prisas, se vería todo con más claridad. En todas las "parcelas" de la vida. Sin prisas y con relajación, surgen las mejores ideas. Así que, Salud Mental Pública: relájense y encontrarán una solución para lo que se plantea en el artículo.

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