martes, 28 de abril de 2009

Estresores laborales y su implicación sobre la salud y la accidentabilidad: Posibles medidas de prevención


En reiteradas ocasiones la investigación ha señalado la negativa influencia de los factores psicosociales y, más específicamente del estrés, sobre la salud de los trabajadores en diferentes sectores de actividad. Sin embargo, desde la Psicología Social y de las Organizaciones no se ha profundizado su estudio en determinados grupos de trabajo caracterizados por una elevada siniestralidad, como son los dedicados a la construcción y a la agricultura. Según la VI Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo (VIENCT) del Instituto Nacional de Salud e Higiene en el Trabajo (2007), éstos son de los grupos que presentan más frecuentemente daños a la salud (síntomas físicos, psicosomáticos o accidentes laborales). Así, a partir de la investigación de los estudios previos y de un diseño longitudinal con dos momentos de recogida de datos se ha llevado a cabo un estudio que analiza las variables psicosociales más importantes implicadas en la salud y la accidentabilidad laboral en estos dos sectores. Mejorar el conocimiento en estos ámbitos permitirá proponer medidas de intervención para elaborar programas más eficaces.

El último informe de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (2007) indica que los factores de riesgo psicosociales encabezan la lista de necesidades primordiales en el estudio de la salud laboral y, en concreto, de la seguridad en el trabajo. También revela que los principales riesgos de este tipo están relacionados, por ejemplo, con las nuevas formas de contratación laboral, la inseguridad en el puesto o la intensificación del trabajo. Este informe resalta cómo la aparición de contratos de trabajo más precarios, junto con la tendencia a la producción ajustada y a la subcontratación, pueden afectar a la salud y la seguridad. En general, los trabajadores cuyas condiciones son deficientes, ya sean por factores de ambiente físico, de diseño del puesto, de carga física o mental, señalan el riesgo de accidente de forma mucho más frecuente que los que no. Estas variables se relacionan estadísticamente con la salud y los accidentes, lo que implica que estos trabajadores se sienten mucho más expuestos, lo que conlleva una vivencia del trabajo como factor de agresión hacia su seguridad y salud.
A continuación se revisan algunos de los principales resultados observados a lo largo de este trabajo junto con algunas sugerencias desde el punto de vista aplicado, destinadas a reducir el problema de la siniestralidad y a mejorar la salud laboral de estos trabajadores. Respecto a los índices de accidentabilidad, en nuestra investigación se observa que, cerca de una cuarta parte de los trabajadores de la construcción (el 24,4%) y una sexta parte de la agricultura (el 15,7%) afirman haber tenido algún accidentes in itinere (accidentes en los desplazamientos de ida y vuelta al trabajo). Además al tratar los accidentes laborales las cifras aumentan: se observa que cerca de la mitad de los trabajadores han sufrido alguno, en concreto, el 56,4% de los de la construcción y el 41,5% de los de la agricultura. Además, el 24,4% de los encuestados de la construcción y el 18,3% de la agricultura han tenido algún accidente laboral también en el segundo momento del estudio, es decir, a lo largo de los seis meses en los que se realizó esta investigación. Estas cifras nos han llevado a reflexionar acerca de qué estresores (personales, del puesto y organizacionales) pueden estar influyendo sobre la salud y cómo se les podría hacer frente.
En general, respecto a la situación laboral observamos que los trabajadores de la construcción que presentan un mayor estatus (encargados y jefes de obras) tienen unas mejores condiciones laborales y gozan de una mejor salud que los de niveles inferiores como los peones y los albañiles/mamposteros. Además, estos puestos de trabajo coincide que son los más peligrosos (INSHT, 2002). Aunque aquellos puestos que presentan niveles intermedios (especialistas y otros trabajadores del sector) se encuentran peor de lo esperado, es decir, sus puntuaciones se acercan más a las de los peones que a las de los encargados y jefes de obras. Por tanto, hay una gran diferencia entre la mayoría de los puestos de este sector y los encargados y jefes.

Así mismo, tanto en la construcción como en la agricultura, las personas con contrato fijo presentan una mejor situación laboral que los temporales y los autónomos. En la misma línea, los agricultores que trabajan por su cuenta tienen más accidentes laborales que los que lo hacen por cuenta ajena, mientras que los subcontratados de la construcción son los que más accidentes in itinere tienen. Además, a medida que transcurre el tiempo, la situación laboral de los trabajadores va empeorando, principalmente en la construcción. Esto cobra relevancia, ya que los empleados sujetos a contratos precarios suelen realizar las tareas más peligrosas, trabajar en peores condiciones y recibir menos formación en materia de seguridad y salud en el trabajo (Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, 2007).
En la construcción, entre los estresores laborales que más afectan a la salud encontramos que no sólo la exposición física a condiciones nocivas típicas de este sector (temperaturas extremas, humedad, ruido, plomo, asbestos, etc.) empeora su malestar físico, sino que también lo hace cuanto mayor es la carga laboral. Así mismo, el malestar físico y las demandas se relacionan de manera positiva con los accidentes laborales in itinere. Por el contrario, determinados factores personales mejoran la salud: cuánto más implicados estén los trabajadores menor es el malestar psicológico y los accidentes. Importante también es el papel desempañado por supervisores y compañeros, ya que si el apoyo que proporcionan es elevado su salud física y mental es mejor.

Resultados similares se aprecian en la agricultura, donde estresores como la exposición a condiciones nocivas (pesticidas, productos químicos, humedad, etc.) se asocian de manera positiva con el malestar físico y los accidentes laborales, es decir, cuanto mayor es la exposición a estos agentes la salud empeora. Sin embargo, encontramos otras variables que pueden paliar estos efectos, por ejemplo el percibir los riesgos existentes en nuestro trabajo influye negativamente sobre los accidentes laborales, de forma que, aunque en su trabajo haya riesgos, si son conscientes de ellos no repercuten sobre la accidentabilidad.

Respecto al estudio longitudinal, es importante destacar que muchas de estas relaciones se repiten medio año después, lo que corrobora los resultados hallados hasta el momento. Además se confirma el papel mediador del malestar entre los diferentes estresores laborales del primer tiempo y los accidentes e incidentes ocurridos medio año después.

En resumen, en este trabajo se han identificado puestos de trabajo peligrosos, debido, en parte, a la constante exposición de estresores laborales que exacerban el nivel de peligrosidad, por lo que desde las administraciones, tanto públicas como privadas, es importante su identificación para evitar, reducir o paliar su exposición. Para ello, es fundamental la mejora del diseño de los puestos considerando las demandas laborales, el control del trabajo, el estrés laboral, la exposición a condiciones nocivas o el apoyo instrumental y emocional recibido de compañeros y supervisores, sobre todo, en aquellos trabajadores de la construcción que presentan un menor estatus laboral. Es precisamente el área de trabajadores poco cualificados, donde la investigación es más necesaria debido a la escasez de trabajos, ya que se da una ausencia de información sobre cómo se seleccionan los trabajadores. Por ello, al seleccionar al personal se debería reflexionar ya no sólo sobre las características del puesto a desempeñar por el sujeto a contratar, sino también acerca de ciertas condiciones laborales, como por ejemplo: si va a realizar funciones de supervisión, el tipo de contrato, la formación técnica y en seguridad, las actitudes hacia la seguridad, la alta implicación con el trabajo o la percepción de riesgos, que como hemos hallado en nuestro estudio pueden repercutir tanto en su salud física y mental, como en el índice de accidentes. Así mismo, al ser contratado o cuando cambien las condiciones de trabajo, los trabajadores deberían recibir información sobre los riesgos o condiciones nocivas existentes, medidas y actividades de protección y prevención aplicables. Formar en prevención de riesgos laborales a todos los niveles, es decir, considerando a todos los responsables de la prevención de riesgos laborales, tanto a empleados como a empresarios, supervisores, técnicos, mandos, fabricantes, importadores y subministradores, procurando cambiar actitudes inadecuadas y proporcionando estrategias de actuación encaminadas al fomento de la salud y mejora de la calidad de vida. Este sería un aspecto de gran relevancia ya que se trata de ámbitos eminentemente tradicionales, que en su área básica de producción cuentan con profesionales manuales cuya formación ha sido recibida en el puesto de trabajo, siendo ésta la única vía exclusiva para aprender un oficio (García y García, 2002). Así, en el caso de los agricultores que trabajan por su cuenta (en nuestro estudio el 78%), desde la Administración pública se debería dar formación para la gestión del trabajo en la que se les indique la importancia de una correcta distribución de la carga laboral, del tiempo de trabajo, de la percepción de los riesgos, etc.
Para el logro de todos estos objetivos, en el caso de las organizaciones privadas, será indispensable la intervención de RRHH, comprometiéndose con la seguridad a nivel de recursos económicos, analizando si el personal contratado es suficiente para la realización del trabajo y realizando evaluaciones periódicas de los riesgos y de la salud física y psicológica de los trabajadores, ya que como hemos comprobado puede estar mediando entre el estrés y la siniestralidad. Estas acciones conllevan cambios lentos, pero entendemos que son necesarios ya que pueden ayudar a reducir la accidentabilidad y mejorar la salud laboral.

Además, no debemos olvidar este tipo de aspectos, sobre todo en estos sectores que presentan ciertas particularidades que dificultan la elaboración de investigaciones relacionadas con los RRHH. Así, la Prevención de Riesgos Laborales (PRL) es una labor de todos, exige la colaboración entre empresarios y trabajadores que deben velar por su propia seguridad y la de terceros, de manera que todos los trabajadores deben cumplir las medidas y procedimientos de seguridad, así como ser consultados (a través de las evaluaciones periódicas) y participar en todas las cuestiones que afecten a la seguridad y salud. Las empresas deberían dar el mismo nivel de protección en materia de seguridad y salud independientemente del tipo de contrato o si se trabaja para una empresa que subcontrata los servicios. Si se trabaja por cuenta ajena, la empresa debe facilitar los materiales y el equipo necesario para trabajar con seguridad. Para un aprendizaje más profundo de los comportamientos seguros, sería interesante establecer un sistema de sanciones para identificar aquellas conductas deliberadamente imprudentes o que entrañen riesgo para sí mismos o para terceros. Para ello, es básico fomentar el trabajo en equipo, así como el compañerismo entre compañeros y supervisores, dadas las positivas propiedades del apoyo social para cohesionar al grupo.

En España la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (BOE 10.11.95), la Reforma del Marco Normativo de la Prevención de Riesgos Laborales (BOE, 13.12.03) y el Reglamento de los Servicios de Prevención (BOE, 31.01.97) representan los fundamentos para promover la seguridad y salud en el desarrollo de las actividades necesarias para la prevención de riesgos (Artículo 2, BOE 10.11.95). Sin embargo, las medidas consideradas dentro de este marco normativo todavía resultan insuficientes ya que los cambios deberían ser más profundos, afectando a las actitudes frente a los riesgos laborales. Por ello, son necesarias intervenciones educativas y psicosociales que propicien ese necesario cambio de actitudes. Desde la Administración y las empresas se deberían desarrollar más programas de PRL, diseñar campañas de publicidad y estrategias para la mejora de la salud y reducción de la accidentabilidad, que consideren la relevancia de la seguridad en el trabajo y los aspectos señalados con anterioridad.

Para terminar, dados los resultados encontrados, en futuros programas de intervención se debería prestar una mayor atención a estos colectivos, centrándose, principalmente en controlar aquellas variables laborales (tipo de contrato, subcontratas, trabajo por cuenta propia, etc.), personales (percepción de riesgos, implicación con el trabajo, malestar físico y psicológico, etc.), del puesto (demandas laborales, control del trabajo, etc.) y organizacionales (apoyo social, estrés laboral, etc.), que se han identificado como determinantes de la accidentabilidad y salud laboral y, más especialmente, si consideramos la actual crisis económica que está afectando a todos los sectores de trabajo y de manera especial a la construcción.
Referencias:

Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (2007). Expert forecast on emerging psychosocial risks related to occupational safety and health.

Instituto Nacional de Salud e Higiene en el Trabajo (2002). Madrid: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales

Instituto Nacional de Salud e Higiene en el Trabajo (2007). VI Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo. Madrid: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

García, A.L. y García, M. (2002). Pronóstico de la inserción laboral en el sector de la construcción. Psicothema, 14, 4, 726-732.

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